miércoles, 14 de noviembre de 2007

Mercaderes

Vicent Pallarés Pascual

“Podemos comprar estos libros a esta editorial que nos regalará un ordenador portátil. Es mejor que a esta otra que nos regalaba sólo un radiocasete” Esta conversación la escuché el otro día a unos maestros mientras mi asombro aumentaba por momentos.

Pero estos comentarios sólo son la punta de un gran iceberg, ya que los centros educativos hacen tiempo que se han convertido en un gran negocio que mueve millones de euros y que genera un amplio interés por determinadas empresas. En las escuelas no sólo están los niños y niñas. También están sus familias. A los ojos de las empresas, multitud de posibles compradores que hay que captar para que consuman sus productos.

En primer lugar, creo que la ley de utilizar libro sigue demasiado intacta a mi parecer y aún son excesivos el profesorado que lo utiliza en sus clases y esto genera que se hayan de producir y vender. Los libros de texto no son perfectos e infalibles como se creen ciertos y ciertas docentes. Como dicen Xurxo Torres, aún esconde un currículum oculto, que habremos de ver cómo influye en lo que enseñamos si queremos tener una visión crítica de la educación

Pero cuando empieza el año, en los centros educativos comienzan las visitas de los representantes de las editoriales que además de mostrar sus productos, muestran sus jugosos regalos para las escuelas. Todo para que se siga comprando los libros, que se promociona y con los que continúan su negocio.

Hagamos cálculos, si un alumno se gasta 200 euros. Un colegio de 1000 alumnos de gasta 200.000 (más de 30 millones de las antiguas pesetas). Cómo podemos comprobar hay mucho dinero en juego que no se puede dejar perder. Hay que utilizar todas las cartas posibles para vender.

Cómo a mucho profesorado le da igual elegir, un libro que otro, los regalos entran en juego para influir en esta decisión. Así, si se ofrece un ordenador portátil para la escuela-que cuesta sobre unos 600 euros- no es nada para una empresa que puede ganar 200.000 euros en una escuela con la venta de libros.

Otra de las formas que he observado de intromisión de las empresas ha sido el interés de ciertos supermercados por la escuela. Hace tiempo un amigo mío que vivía en Estados Unidos de América me contaba que allí había supermercados en los que si los padres conseguían hacer compras por un determinado valor, el supermercado, hacía “filantropía” y regalaba ordenadores o material escolar. De esta manera mataba dos pájaros de un tiro. Por un lado, mostraba su “interés” por la educación y se quedaba con la consciencia tranquila y por otro lado, se hacía una buena publicidad, que creo que le interesaba mucho más.

Una nueva manera de llevar a cabo su responsabilidad social corporativa, mostrando cómo ayudas a la escuela de tu barrio. Yo más que responsabilidad social corporativa le diría publicidad oculta pero siempre hay maneras de decir las cosas. Ya se sabe.

Mediante estas tácticas consigues que la familia o personas que rodean al niño, compren a un determinado lugar, para conseguir los puntos y que su escuela pueda tener dos ordenadores más o material escolar. Si tenemos en cuenta lo que cuesta la publicidad, el precio de dos ordenadores es una miseria y a las futuras empresas compradoras les acerca mucho más a una gran población que puede adquirir sus productos. Negocio redondo.

Mucho profesorado de las escuelas aún no tiene en cuenta esto, ya que se piensa que es un ordenador o un material que gana la escuela, pero cuando la realidad es que estamos siguiéndoles el juego a las grandes empresas y picar en sus estrategias de publicidad.

Otro filón que he visto son las revistas y los libros de lectura para el alumnado. Que mejor lugar para hacer la publicidad que en las propias escuelas y en horario lectivo. Una maestra se quejaba que perdieron una hora lectiva a causa de la explicación de los materiales que iban a vender. Dieron una bolsa a los niños llena de cuentos para que la llevasen a casa y la viesen sus padres por si interesaba comprar. Ahora bien si no les interesaba después había que devolverlas para que la editorial las pudiera llevar a nuevas escuelas. A cambio se regalaron unas revistas para el centro que sirven como más publicidad para sus productos, ya que habrá niños y niñas que las pedirán a sus familias.

Continuamos siempre con la misma idea: vender, vender. El objetivo continúa siendo el mismo: nuestro alumnado.

Mi último ejemplo son aquellas promociones que se hacen dentro de la escuela, de productos para maestros, en las que se ofrecen ollas, mantas o enciclopedia que creo que ya están un poco pasadas. ¿Es que no existen suficientes tiendas para poder vender que necesitamos que los productos vengan a la escuela? Creo que no son un lugar para negociar, sino para aprender y enseñar y transformar realidades. No para crear futuros consumidores o para perpetuar el consumo masivo como nos recuerda el mercado, con su bombardeo publicitario constante. Tendríamos que evitar que los centros educativos se convirtiesen en un mercado

Creo que es poco ético que los niños y niñas sean objetos y medios de estas vendas, ya que ellos y ellas son los que más necesitan una educación de calidad. Se sabe que los niñas y niñas tienen un gran poder para convencer a sus padres de que adquieran ciertos productos y de ello bien saben aprovecharse las empresas.

Ya viven suficientemente este mundo de las marcas como se puede comprobar en sus conversaciones. La televisión se centra en ellos, como a potenciales compradores de objetos. Lo que está claro es que nuestro alumnado está en el punto de vista. Las escuelas son un territorio sin conquistar y en ellas están los futuros compradores. En ellas, se ha de educar para el consumo, que es lo que mueve esta sociedad para algunas personas.

El neoliberalismo no puede dejar espacios libres para la crítica. Otro ejemplo ilustrativo y quizás de los más viejos es el de los concursos literarios o de dibujo, promocionados por alguna marca, como por ejemplo de refrescos que, con un bajo coste hacen llegar al alumnado, una gran cantidad de publicidad, en forma de pequeños objetos, como gorras, bolígrafos, etc. Con la excusa de temas como la paz o el respeto nos acercamos a los más pequeños y pequeñas y de paso a sus familias, ya que cuando llevan los pequeños obsequios todo el mundo los puede adquirir. De estos creo que es un poco cínico utilizar estas temáticas para hacer publicidad. Pero no me acordaba que estábamos en el mundo del todo vale.

Como profesorado creo que hemos de implicarnos éticamente para evitar que esto ocurra en nuestras escuelas. Hemos de hacer que puedan vivir de una forma plena su infancia y su juventud. A la que, como afirma Giroux, hay muchas personas dispuestas a acabar con ella y convertirla como una etapa más de consumo más que una etapa más de la vida. En un mundo que gasta millones de dinero en influir en nuestras actitudes, deberíamos en primer lugar explicar a nuestro alumnado como no caer en ese consumismo descabellado. También tenemos la obligación de que los centros educativos no se conviertan en un mercado.

Un problema es que nos hemos acostumbrado a ella, y nos parece alguna cosa normal que esté en todos los espacios de nuestra vida. Desde que nos levantamos a la mañana, hasta que cerramos la televisión o la radio para irnos a dormir. El bombardeo publicitario no cesa. No tiene horario.

Aún no hemos llegado a lo que leí una vez en un libro de Giroux, que en algunas escuelas, tenían enfrente de los váteres publicidad, para que necesariamente los tuvieras que mirar. Sí lo he visto ya en grandes áreas. Todo llegará. Pero cuando llegue que estemos preparados. Y nuestro alumnado también.

No hay comentarios: